8 de agosto de 2018

De la rivalidad al éxito

Este año han tenido lugar los XI Juegos Suramericanos Cochabamba 2018. Entre las medallas logradas por Argentina se encuentran las obtenidas en patín carrera por Juan Cruz Araldi (Plata en 1.000m velocidad grupo - Patinaje Carreras Masculina) y Rocío Berbel (Oro en 1.000m velocidad grupo - Patinaje Carreras Femenina y Bronce en 10.000 m puntos - Patinaje Carreras Femenina). Novios y compañeros de equipo de la Selección.

En sus declaraciones a la prensa, Rocío destacó lo importante que fue para ella la presencia y colaboración tanto de su novio como de su compañera, en las diferentes competencias. Juan Cruz también lo destacó en relación a su compañero de equipo en la carrera por equipos.
Sus declaraciones son el pie perfecto para rescatar y abordar la importancia de uno de los factores que influyen directamente en el desempeño deportivo: el entorno humano.

En ésta oportunidad no me detendré en la influencia positiva que puede tener el ambiente social, resaltado por ambos al señalar la cooperación y el apoyo como importantes en sus logros individuales y de equipo. Sino muy por el contrario, en la rivalidad competitiva que puede estar presente dentro de los equipos deportivos.

La rivalidad como motivación positiva 


Para muchos entrenadores, es funcional fomentar la rivalidad durante los entrenamientos, incluso en competencias, como estrategia de motivación para el progreso deportivo. Para alcanzar el principal objetivo: ganar.

Al utilizarla como estrategia de motivación positiva es importante tener presente que ella puede adquirir un matiz de hostilidad, manifestándose en conductas agresivas (peleas verbales o físicas), acciones de boicot hacia los compañeros (por ejemplo, rompiendo material deportivo) e incluso puede llegar a producir intencionalmente una lesión para quitar del medio al rival interno.

Las presiones, la acumulación de frustraciones, el momento del ciclo deportivo y personalidades explosivas, impulsivas, fácilmente irritables o iracundas, pueden favorecer su aparición. Así como también el énfasis excesivo en ganar sin importar el precio, aún a costa de uno mismo ó de los demás.

Es tarea del entrenador tener en claro desde el comienzo cuál será el nivel de rivalidad tolerable, explicitando claramente y manteniendo con firmeza los límites de una conducta deportiva aceptable.

La rivalidad suele funcionar en los deportistas orientados a la competitividad y a mostrarse superiores al rival. En términos generales, lleva a altos niveles de logro en deportes de equipo y en deportistas individuales. Fomenta entonces la auto-superación. Cuando el desempeño del otro estimula a esforzarse cada vez más para ser mejor.

Ahora bien, cuando no solamente se buscan alcanzar metas individuales sino también de equipo (como en el caso de patín carrera, en las competencias por equipo) es posible y hasta recomendable apelar a la cooperación, focalizándose en alcanzar un bien mayor o un objetivo superior: la victoria para el club o la gloria para el país y el reconocimiento mundial. El equipo es representante de un colectivo (club, país) que lo supera, con el cual se identifica y tiene lazos afectivos positivos.

Ambas modalidades, la rivalidad competitiva y la cooperación, no son mutuamente excluyentes, pueden complementarse entre sí. El desafío del entrenador en cada caso y situación será encontrar la combinación justa que favorezca un ambiente social positivo, que posibilite el desarrollo deportivo tanto en logros como en aprendizaje y maestría.

Lic. Jimena Martínez 
Nota para ESTILO AD #29
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