5 de octubre de 2018

Jóvenes deportistas, Divino tesoro


Entre el 6 y el 18 de octubre de 2018, tendrán lugar en la ciudad de Buenos Aires (Argentina), los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018. Fiesta deportiva internacional en la que participarán jóvenes atletas de 206 países, en 32 deportes olímpicos.

El mundo del deporte se viste de gala y celebra con júbilo la esperanzada y entusiasta participación de cada una de las delegaciones.

Descansan sobre los atletas, claras y contundentes expectativas de triunfo, de un desempeño digno del país que representan, conforme los valores olímpicos.

Detengámonos un momento en las implicancias de dichas expectativas.

Desde el punto de vista psicológico, el joven atleta debe contar con un conjunto de rasgos o características que garanticen su satisfacción. A continuación enumero algunas de las valoradas como imprescindibles en el alto rendimiento:

-          Voluntad de éxito. Querer ser el mejor.
         Sacrificio y gran dedicación en la práctica deportiva.
         Resistencia psicológica. Que sea capaz de tolerar las presiones, las frustraciones, los fracasos, el estrés competitivo, el dolor físico.
        Perseverancia en largos, monótonos y dolorosos entrenamientos, numerosos torneos, y extensos ciclos deportivos.
-         -         Capacidad para controlar sus emociones y comportamiento.
-        -          Aceptación de los riesgos físicos del deporte en cuestión.
-        -          Cooperación, compromiso y responsabilidad.
-       -           Disposición para el aprendizaje y el perfeccionamiento.

Cada una de ellas plenas de sentido en función de la actividad en cuestión.

Ahora bien, ¿Son acaso pertinentes y viables considerando la fragilidad propia del momento evolutivo en el que se encuentran? ¿Se consideran y tienen presentes los riesgos y los costos de dichas demandas?

No todas las personalidades están en condiciones de tolerarlas, y muchas sometidas al proceso, pueden presentar luego desde una inmadurez significativa hasta alteraciones o patologías importantes.

Ciertamente, no se trata de considerar inaceptables de manera categórica su participación en el deporte competitivo (alto rendimiento). Sino más bien, de tener presente que dichas cualidades esperables y deseables no se entrenen, desarrollen o potencien en detrimento de su crecimiento saludable. Ahogando a su vez, dones y cualidades que lo hacen único.

Esto es particularmente importante o adquiere gran relevancia, cuando llega el retiro deportivo.

La madurez intelectual y emocional alcanzada será la que permita resignificar su historia como deportista y comenzar un nuevo camino. En tanto se le haya permitido o posibilitado un crecimiento saludable, contará con mayor fortaleza, confianza y seguridad. La incertidumbre de una nueva etapa será mejor tolerada y tendrá suficientes recursos personales para enfrentar el nuevo desafía, conquistar nuevos sueños. Y aquel gran anhelo de la juventud de transformar el mundo, palpitará aun en sus corazones.


Lic. Jimena Martínez
05 de octubre de 2018

8 de agosto de 2018

De la rivalidad al éxito

Este año han tenido lugar los XI Juegos Suramericanos Cochabamba 2018. Entre las medallas logradas por Argentina se encuentran las obtenidas en patín carrera por Juan Cruz Araldi (Plata en 1.000m velocidad grupo - Patinaje Carreras Masculina) y Rocío Berbel (Oro en 1.000m velocidad grupo - Patinaje Carreras Femenina y Bronce en 10.000 m puntos - Patinaje Carreras Femenina). Novios y compañeros de equipo de la Selección.

En sus declaraciones a la prensa, Rocío destacó lo importante que fue para ella la presencia y colaboración tanto de su novio como de su compañera, en las diferentes competencias. Juan Cruz también lo destacó en relación a su compañero de equipo en la carrera por equipos.
Sus declaraciones son el pie perfecto para rescatar y abordar la importancia de uno de los factores que influyen directamente en el desempeño deportivo: el entorno humano.

En ésta oportunidad no me detendré en la influencia positiva que puede tener el ambiente social, resaltado por ambos al señalar la cooperación y el apoyo como importantes en sus logros individuales y de equipo. Sino muy por el contrario, en la rivalidad competitiva que puede estar presente dentro de los equipos deportivos.

La rivalidad como motivación positiva 


Para muchos entrenadores, es funcional fomentar la rivalidad durante los entrenamientos, incluso en competencias, como estrategia de motivación para el progreso deportivo. Para alcanzar el principal objetivo: ganar.

Al utilizarla como estrategia de motivación positiva es importante tener presente que ella puede adquirir un matiz de hostilidad, manifestándose en conductas agresivas (peleas verbales o físicas), acciones de boicot hacia los compañeros (por ejemplo, rompiendo material deportivo) e incluso puede llegar a producir intencionalmente una lesión para quitar del medio al rival interno.

Las presiones, la acumulación de frustraciones, el momento del ciclo deportivo y personalidades explosivas, impulsivas, fácilmente irritables o iracundas, pueden favorecer su aparición. Así como también el énfasis excesivo en ganar sin importar el precio, aún a costa de uno mismo ó de los demás.

Es tarea del entrenador tener en claro desde el comienzo cuál será el nivel de rivalidad tolerable, explicitando claramente y manteniendo con firmeza los límites de una conducta deportiva aceptable.

La rivalidad suele funcionar en los deportistas orientados a la competitividad y a mostrarse superiores al rival. En términos generales, lleva a altos niveles de logro en deportes de equipo y en deportistas individuales. Fomenta entonces la auto-superación. Cuando el desempeño del otro estimula a esforzarse cada vez más para ser mejor.

Ahora bien, cuando no solamente se buscan alcanzar metas individuales sino también de equipo (como en el caso de patín carrera, en las competencias por equipo) es posible y hasta recomendable apelar a la cooperación, focalizándose en alcanzar un bien mayor o un objetivo superior: la victoria para el club o la gloria para el país y el reconocimiento mundial. El equipo es representante de un colectivo (club, país) que lo supera, con el cual se identifica y tiene lazos afectivos positivos.

Ambas modalidades, la rivalidad competitiva y la cooperación, no son mutuamente excluyentes, pueden complementarse entre sí. El desafío del entrenador en cada caso y situación será encontrar la combinación justa que favorezca un ambiente social positivo, que posibilite el desarrollo deportivo tanto en logros como en aprendizaje y maestría.

Lic. Jimena Martínez 
Nota para ESTILO AD #29
www.estiload.com/storage/app/media/PDF/revistas/Revista%20ad_29_site.pdf

9 de julio de 2018

Que el dolor no te detenga


La vivencia de dolor en deportistas es habitual, y es un gran desafío convivir con él lo más saludablemente posible. Aparece e interfiere negativamente en su desempeño, en entrenamientos y competencias; incluso puede interrumpir el sueño disminuyendo la calidad del descanso y recuperación.

Su aparición no necesariamente es sinónimo de lesión (aguda o crónica), pues puede aparecer durante los entrenamientos como resultado de las cargas de trabajo y/o en los días siguientes al mismo. Dependiendo el deporte, es posible que lo generen traumatismos, o con el tiempo una degeneración articular debido a la repetición de los movimientos durante mucho tiempo.

El dolor es una experiencia subjetiva (física, mental y emocional) desagradable, asociada a un daño físico real o posible, que afecta directamente su práctica y motivación.

Si bien estudios revelan que los deportistas suelen tener mayor tolerancia al dolor y lo perciben en menor intensidad que los que no lo son, es importante orientar su experiencia del dolor adecuadamente. Por lo que el primer paso es incluirlo como un elemento más a tener en cuenta dentro de la práctica deportiva.

Para rendir mejor.

No es una alternativa satisfactoria negar, desestimar o subestimar el dolor. Es importante que se lo reconozca y acepte, para luego accionar aliviándolo y/o implementando herramientas que lo modulen o controlen.

En primer término, hay que darle a conocer y posibilitarle al deportista el acceso a variadas técnicas psicológicas que le permitan controlar el dolor que aparece en la práctica. Esto ya es una intervención que en sí misma, pues le permite comenzar superar la impotencia que aparece al vivirlo; con ellas va a ser capaz de hacer algo con lo que le pasa, no solo en lo físico, sino también a nivel emocional y mental. Contará con posibilidades y alternativas para no sucumbir ante el dolor, para que no lo afecte negativamente; sentirá que tiene el control.

He aquí algunas Técnicas Psicológicas:

1-    Cambio en el foco de la atención. Quitar el foco de atención del dolor pone en segundo plano la experiencia dolorosa, disminuye su percepción y los sentimientos negativos asociados. Aumenta su tolerancia. ¿Hacia dónde llevar la atención? Dependerá de la actividad deportiva específica.
2-    Identificar cuáles son sus creencias frente al dolor y cómo afecta éste su desempeño. Una vez identificadas aplicar técnicas para controlarlas o reconvertirlas. Esto es, si aparecen diálogos internos negativos antes, durante o después de la experiencia dolorosa. 
3-    Técnicas de Respiración, Relajación y visualización. Por ejemplo cuando el dolor aparece luego de los entrenamientos a nivel muscular, ayudan a disminuir la tensión física y emocional. Disminuyen la ansiedad o miedo anticipatorios al próximo entrenamiento, y aceleran la recuperación.
La visualización o imaginación es la elaboración de imágenes mentales, acompañadas de sentimientos o sensaciones corporales. Esta imagen creada adecuadamente influye directamente creando un estado específico a nivel físico, mental y emocional. Es posible entonces a partir de ella generar la producción de endorfinas, que son anestésicos producidos por el organismo.
4-    Auto-regulación emocional. A partir del reconocimiento de la existencia de emociones negativas asociadas al dolor físico o a la situación en la que aparece, aprender a manejar los diferentes niveles de emociones (miedos, irritabilidad, preocupación, agresividad), en lugar de negarlas o eludirlas.

Es importante aclarar que cada deportista utilizará la técnica que le sea acorde, cada deporte requiere la aplicación específica de estas y otras técnicas psicológicas.  Sea cual fuere su elección, deben ser enseñadas y guiadas por profesionales. Es recomendable que los deportistas reciban el adecuado asesoramiento para elegir aquella que le sea más beneficiosa de acuerdo a su personalidad y práctica deportiva, y para implementar su correcto uso; no todas las técnicas son válidas para todos por igual. Será tarea del psicólogo deportivo la evaluación y su implementación, sea asesorando al entrenador y/o enseñándoles a ambos las adecuadas y su forma de aplicación.

El rol de los entrenadores

Los entrenadores también pueden ayudar al deportista. La empatía es fundamental, pues muestra entendimiento y comprensión de su experiencia dolorosa, se sentirá contenido. El entrenador tendrá más elementos para contextualizar las emociones negativas (miedos, ira, frustración) y mayor sensibilidad para reconocer cuál es el grado de tolerancia al dolor del deportista.

Un trabajo más íntimo y personal es auto-observarse, tomar conciencia de cómo él vive el dolor del deportista. Si posee prejuicios que le impiden tener un acercamiento empático, por ejemplo: “Juan es un quejoso, después de cada entrenamiento lloriquea que le duele todo”. Evaluar en qué medida sus creencias lo alejan de brindarle desde sus conocimientos paliativos o soluciones; o posibilitarle el acceso a otras alternativas que complementen su trabajo a través de otros profesionales.

Es posible evitar que el dolor se convierta en sufrimiento. Son múltiples y variadas las alternativas disponibles tanto para entrenadores y deportistas.

No permitas que el dolor te detenga.

Lic. Jimena Martínez

Nota publicada en Cuerpo&Mente - Año 32 Nº336 (Julio 2018)
www.cuerpoymente.com.ar

30 de junio de 2018

De la fascinación al desencanto


De la gloria a la humillación

El deporte, como tantas otras actividades humanas no escapa a la polaridad de la dualidad. La realidad de los equipos cobra pleno sentido en tanto haya alguien contra quien competir. Es su necesidad inherente enfrentarse y que haya un resultado -ganar (preferentemente) o perder, empatar no es suficiente, no define. El empate no da a los competidores ni a los espectadores el alimento emocional que surge fruto de la identificación, de la cohesión real o imaginaria.

Al superar al rival, también el fanático se viste de gloria. Al triunfar lo inyecta de una inigualable dosis de amor apasionado, viven en un paraíso en el que se palpita la superioridad, y el ego individual y colectivo es exaltado. Ahora, merced a esta ofrenda, el equipo es merecedor de reverencia, de reconocimiento.

Claro está que para la tribuna, no puede ser de otra manera. ¿Qué menos se puede esperar de quienes tienen este “sagrado cometido”? El de elevar la moral, el de rescatarlos de una vida monótona y gris, sin pasión o arrobamientos. Está en sus hombros titánica tarea.

Pero no disponen de mucho tiempo, tampoco son muchas las oportunidades. Cada minuto, cada segundo que transcurre desde el comienzo debe aprovecharse y mostrar el inigualable e insuperable talento.

¿Cómo no lo van a lograr si la ilusión de quienes son su razón de ser está en sus manos? Imposible siquiera imaginarse el desencanto de semejante arbitrariedad.

El juego debe ser perfecto. No hay lugar para la duda, la inseguridad, la torpeza, la imprecisión o el error. Incluso, que no se digne la suerte a castigarlo con su indiferencia, pues es merecedor incuestionable del favor divino.

¿Podrían acaso entonces, en su condición de semi-dioses ofrecer resultado adverso? No cabe en razón alguna desenlace contrario a la sublime victoria.

Mas la ciega fatalidad se ha empeñado, y haciendo caso omiso a los designios de la providencia, los ha llevado al exilio del ocaso en la derrota. En ella ya no son espejo inmaculado de impecables cualidades guerreras.

Sin embargo, deben cumplir todavía, con una última tarea: mostrar dignidad en el sacrificio. Entregar el alma, entregar el corazón, dejarlo todo… Impensable el abandono, la desidia, la impotencia. Pueda así al menos el destino apiadarse y elevar el honor de la miseria.

Inmerecido y humillante el resultado…

Ya no alcanza con ocultar el orgullo herido o de llorar el poderío perdido. Se han convertido en un pobre reflejo de una esperanza vacía, del desconsuelo de una ilusión perdida.



8 de enero de 2018

MÁS ALLÁ DEL DOLOR

Mucho se habla del gran sacrificio, esfuerzo y dedicación que los deportistas de alto rendimiento asumen desde el inicio y a lo largo de su carrera. Mantenerse y superar dificultades propias y del contexto forma parte de su trabajo durante todo el ciclo deportivo.

Un compañero ineludible y por momentos implacable es el dolor. Presente en entrenamientos y descansos, en la vigilia y durante el sueño. Diversos estudios muestran que los deportistas suelen tener mayor tolerancia al dolor y lo perciben en menor intensidad que los sedentarios. Aun así, es un elemento de la práctica deportiva que los entrenadores deben tener presente sin subestimarlo o negarlo. No es meramente una realidad orgánica, involucra mucho más que una percepción sensorial. Investigaciones señalan que incluso el contexto puede influir negativamente en la experiencia dolorosa, provocando un estado de anticipación frente a la situación que la generará, y cuando esta llegue, será más intensa y difícil de manejar.

Un fenómeno complejo 

Son muchos y variados los dolores que puede experimentar un deportista. Veamos algunos:
- Durante los entrenamientos como resultado de las cargas de trabajo (calambres, dolores musculares agudos) y su aparición en los días posteriores
- Por una lesión aguda o crónica y por sus secuelas
- Por un traumatismo o accidente
- Como consecuencia de una degeneración articular fruto de la repetición de los mismos movimientos durante muchos años.

La Asociación Internacional para el Estudio del dolor lo define como una “experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a un daño tisular existente o potencial, o descrito en términos de daño”. Melzack y Cassey (1968) lo definen como una experiencia perceptiva tridimensional con una vertiente sensorial discriminativa, una afectiva (motivacional) y una vertiente cognitiva (evaluativa).

Hay consenso generalizado en que la experiencia del dolor no es meramente neuro-fisiológica. Existe una fuerte conexión entre las emociones y el grado de dolor orgánico percibido, su valoración cognitiva y el significado atribuido al dolor (relacionado con las expectativas de la situación en que se vive, presentes y/o futuras). Influyen también las experiencias previas, el grado de tolerancia al dolor, la confianza, y el contexto (que modula las reacciones y sus expresiones). La interacción de estas variables influye en las estrategias para afrontarlo y sobreponerse a él.

Una experiencia emocional 

Si emocionalmente es percibido como desagradable se generaran conductas de evitación o escape. Este desagrado o disgusto no siempre es explicitado por los deportistas, y puede ser la causa de rechazo, incumplimiento y ausencias, de la negativa de realizar determinados ejercicios que son percibidos como dolorosos; e incluso, de abandono.

Puede a su vez generar miedo (por ejemplo a sufrir una lesión), irritabilidad, agresividad, o preocupación. Entrenadores atentos a la aparición de estos estados emocionales son capaces con mayor facilidad de identificar si están asociados o no al dolor por la carga de trabajo, al ciclo deportivo en el que se encuentran, o debido a factores ajenos a la práctica.

Controlar la experiencia dolorosa 

El dolor brinda información sobre el cuerpo, parte de su función es la supervivencia del organismo, prevenir daños mayores e irreversibles. El deportista debe ser capaz de captar estas señales, para luego a través del manejo de la atención, y de otros mecanismos psicológicos, poner al dolor en segundo plano y continuar.

¿Es posible controlar el dolor de tal manera que no lo deje fuera del circuito? En tanto experiencia subjetiva, es sumamente difícil establecer parámetros generales que impidan cruzar el límite que conduce a una lesión invalidante o al retiro forzoso. Es el mismo deportista quien a priori ya establece o determina desde su escala de valores, qué está dispuesto a sacrificar de sí mismo a lo largo de su carrera, o con qué secuelas físicas o psicológicas está dispuesto a convivir durante o luego de su retiro.

Este posicionamiento no siempre es consciente, salvo en situaciones ineludibles (lesiones o accidentes) que lo confrontan a elegir entre seguir o abandonar por la magnitud de daño real y potencial.

Lic. Jimena Martínez 
Nota para ESTILO AD #28
http://www.estiload.com/storage/app/media/PDF/revistas/28.pdf