28 de abril de 2014

SUPERAR EL AGOTAMIENTO

El deporte competitivo tiene objetivos de logro claramente establecidos: “Ganar el mundial”, “lograr la medalla de plata”, “ascender a primera división”, “ocupar el 3º puesto del ranking mundial”; y se concretan (dependiendo del deporte) en menos de un minuto, en 3 ó 5 sets, o en 90 minutos. Una vez finalizada la actuación, y más allá de cuál haya sido el resultado (alegría o frustración), detrás de esos trascendentales segundos, minutos u horas; se cuelan en la conciencia tímida o enfáticamente incontables meses y años de esfuerzo, dedicación, y de grandes sacrificios. En los cuales de manera planificada y sistemática, se pretendió mejorar y optimizar al máximo el desempeño del Deportista en todos los aspectos: físicos, psicológicos, técnicos y tácticos.

Junto con el tiempo invertido, en los entrenamientos se pusieron en juego mecanismos psicológicos que posibilitaron la constancia y cumplimiento de las tareas programadas. Se activaron cualidades tan importantes como aquellas habilidades necesarias para un óptimo rendimiento en competición, las cuales forman parte del entrenamiento mental específico para esa instancia.

Entrenamientos duros y exigentes demandan fortaleza, paciencia, confianza, gran tolerancia a la frustración y al cansancio (físico y psicológico). ¿Tienen todos los deportistas la capacidad mental y emocional para enfrentar este desafío? ¿Cuánta carga son capaces de afrontar sin llegar al abandono?

Las claves


Será su sensibilidad y adaptabilidad, la conciencia que tengan de sí mismos a nivel físico, mental y emocional, y la presencia de las cualidades antes mencionadas; lo que les permitirá sostener la carga y el esfuerzo, sin grandes desequilibrios o quiebres.

La ausencia de equilibrio entre las cargas reales de entrenamiento y su capacidad de afrontamiento pone en riesgo su calidad, continuidad, y el logro de objetivos deportivos. Incluso pueden aparecer peleas o entredichos con el entrenador o con sus compañeros, alterando el clima de trabajo. Es probable también la aparición de incumplimientos, ausencias, atrasos, desgano, poca disposición e interés, y finalmente el abandono.

En ocasiones, cuando el agotamiento ya está presente, el entusiasmo, las ganas y la capacidad de auto-superación pueden influir negativamente, haciendo que el deportista o el entrenador pasen por sus señales. En otras ocasiones, el acostumbramiento al cansancio altera los registros que se tienen del mismo, dificultando evaluar su nivel y grado de importancia. En otros casos, las expectativas y proyecciones establecidas a partir del potencial del deportista, aumentan la presión y la exigencia frente a las “flojeras” o “mariconeadas” del deportista. No se da lugar a la “queja” y es inaceptable la “debilidad”.

Desconocer o ignorar el agotamiento por exceso de carga o por acumulación de trabajo, no impide la aparición de alteraciones significativas en el estado de ánimo, incluso síntomas de estrés.

Muchas variables 


Para lograr el equilibrio, es conveniente contemplar no sólo sus potencialidades y lo necesario para alcanzar los objetivos; sino también, cómo vive el deportista cotidianamente su entrenamiento, qué siente y piensa al respecto. Pues todo esto afecta directamente la adherencia y el rendimiento.

El Entrenador, desde su rol y liderazgo, puede influir positivamente teniendo en cuenta estos factores psicológicos en la planificación del trabajo, incluidos los descansos. Será el Psicólogo Deportivo quien realice un trabajo más profundo, colaborando con el entrenador y trabajando directamente con el deportista.

Nota publicada por la Revista Estilo Ad (Ed. 78 - Abr. 2014)

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